martes, 11 de diciembre de 2007

EL gargajo


Ya me lo habian advertido. Pero no llevaba seis horas en este país, llevaba 30 horas sin dormir y caminaba por las calles de Beijing con una temperatura de -3 grados cuando sucedió lo inesperado, o esperado. Un chino malparido me gargajio encima y casi me lo corona en un zapato. Yo brinqué como un sapo y solo alcancé a gritarle "Chino Hijueputa", como si estuviera en Bogotá. Esto del gargajo es permanente, está uno desayunando y escucha el ladrido del perro e inmadiatamente se lo imagina en el huevo o en las sopas malucas que hacen acá. Tanto que ayer Mauricio se tomaba una sopa de esas y de la cuchara colgaba una masa blanda y blanca y le dije a mi amigo que ya sabia yo el destino de los gargajos, hasta allí llegó la sopa.

Lo peor de todo es que Mauricio está igual, ya lo saca a bailar en cada esquina y parece un perro tisico a toda hora. Juro ahora, que antes de irme le corono un gargajo a un malparido de estos.

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